Este municipio salmantino, de a penas mil habitantes, se encuentra en la Sierra de Francia, a tan solo 75km de Salamanca.
La historia de La Alberca comienza en la prehistoria, de lo cual queda huella en las pinturas rupestres (neolíticas) que podemos ver en Las Batuecas o Lera.
Por orden Alfonso IX, la zona fue repoblada entre los siglos XII y XIII; Como consta en la Historia de Salamanca fue Raimundo de Borgoña, quien se encargó de repoblar la zona. Este noble francés es en origen, lo que justifica la numerosa presencia de topónimos franceses en la zona.
En 1434 fue hallada la imagen de la Virgen de la Peña de Francia; este hecho cambiaría significativamente la importancia de la zona, ya que se creó un santuario que se convertiría en lugar de peregrinación.
La arquitectura, el paisaje, su virgen negra, sus gentes y costumbres ancestrales, le confieren una esencia mítica a La Alberca, que la hizo tan popular que es nombrada por Cervantes en El Quijote.
Siguen vivas bastantes costumbres tradicionales en La Alberca, aunque no se descubran a primera vista, ni en un viaje rápido.
Un rito de difuntos, por ejemplo, tiene cotidiana pervivencia: todos los días al oscurecer, recorre el pueblo la esquila de las ánimas, que lleva una mujer que toca en todas las esquinas a la vez que entona una salmodia por las almas del Purgatorio:
«Fieles cristianos
acordémonos de las benditas almas del
purgatorio
con un padrenuestro y un avemaría
por el amor de Dios»
Da tres toques con la esquila y continúa con la salmodia:
«Otro padrenuestro y otro avemaría
por los que están en pecado mortal
para que su Divina Majestad
los saque de tan miserable estado»
Hace sonar la esquila por última vez dando otros tres toques y continúa sin dejar de rezar, hasta completar el recorrido. Mujeres voluntarias la siguen, acompañando sus rezos y sus cánticos.
Si la arquitectura popular salmantina es rica, La Alberca parece ser el mejor de los escaparates que tenemos. |